Entre los siglos XVI y XVIII, los grandes coleccionistas europeos reunían en un solo espacio todo lo que el mundo tenía de extraordinario: fósiles y mapas, instrumentos científicos y obras de arte, libros rarísimos y especímenes naturales. Lo llamaban “gabinete de curiosidades”, o “cuarto de maravillas” —Wunderkammer en alemán—, y su propósito era tan ambicioso como imposible: destilar la diversidad de un mundo vasto y espectacular a las proporciones de la visión humana, ordenado en cuatro grandes familias: lo natural, lo artificial, lo exótico y lo científico. Cada gabinete era también, inevitablemente, un retrato de quien lo formaba. Detrás de cada uno de esos conjuntos había siempre una persona —o dos— que habían dedicado años a buscar, reconocer y preservar lo que otros no veían o dejaban pasar.
Ricardo B. Salinas Pliego y María Laura Salinas llevan décadas construyendo una colección que hace suyo ese propósito, animada por una curiosidad inquisitiva y despierta. Él, con una mirada que atraviesa épocas y saberes sin dispersarse, capaz de detenerse con el mismo interés ante un fósil del Mesozoico que ante un documento firmado por Hernán Cortés o un instrumento de navegación del siglo XVII; ella, con una sensibilidad estética que imprime carácter a los objetos que se eligen y a cómo se disponen, dándole a cada uno una presencia que se mira, pero también se siente. Las cerca de 300 piezas reunidas en los nueve núcleos temáticos de esta exposición son el resultado de ese diálogo entre dos maneras de mirar: fósiles que dialogan con atlas, instrumentos con documentos, pintura mexicana con minerales que llevan millones de años debajo de este suelo.
Lo que une objetos tan distintos no es el azar ni la casualidad, sino una pregunta que no cambia con los siglos: ¿qué nos dice este objeto sobre el mundo que lo produjo, sobre quienes lo usaron, sobre lo que entonces se sabía, se temía? Esa pregunta es la que comparten el científico, el explorador y el coleccionista; la que anima tanto un atlas del siglo XVI como un meteorito o una fotografía del XX.
Conscientes de que el patrimonio cultural cobra pleno sentido cuando puede verse, estudiarse y disfrutarse, abren hoy su colección a todos los mexicanos.
El hilo que lo une todo es invisible, pero constante: la convicción de que el conocimiento no se agota al compartirse. Al contrario, crece.
Horarios
* El aforo es limitado por turno para garantizar una atmósfera de contemplación y seguridad. La disponibilidad real se validará al momento de la reserva.
Acceso
Previo a la visita
Reservación de entrada
Para preservar la excelencia de la experiencia y el resguardo de las piezas, cada turno dispone de un número estrictamente limitado de plazas. El acceso se concede mediante un proceso de pre-registro individual.
La solicitud de registro se realiza con al menos una semana de antelación a la visita.
El sistema emite una notificación de acceso en un plazo no mayor a 72 horas, sujeta a disponibilidad.
Se dispone de área de estacionamiento para el resguardo vehicular de los visitantes durante su permanencia.
Para asegurar la preservación de las piezas y una atmósfera de contemplación, se agradece mantener una distancia de cortesía de un metro. Evitar el contacto físico, la captura de video y el uso de flash asegura la permanencia de este legado.
Al momento del ingreso, es indispensable mostrar una identificación oficial vigente junto con el pase digital (código QR) en la pantalla de su dispositivo móvil.